Discurso del Ministro de Defensa Nacional, Fernando Barros, con motivo de la presentación de la cuenta pública participativa sectorial.

Señoras y señores.


Comparezco hoy ante ustedes para rendir cuenta de la gestión desarrollada por el Ministerio de Defensa Nacional durante el período comprendido entre marzo de 2025 y marzo de 2026, un período que estuvo marcado por un cambio de Gobierno y por un escenario regional e internacional particularmente complejo.


Lo hacemos, además, en circunstancias especialmente difíciles para nuestro país. Durante las últimas semanas, un severo sistema frontal afectó a distintas regiones de Chile, provocando pérdidas humanas irreparables y cuantiosos daños materiales. Y, de acuerdo a todos los pronósticos, las lluvias seguirán vigentes durante todo este invierno con igual severidad.


En esta emergencia, primero que todo, quisiera expresar, en nombre del Gobierno del Presidente de la República, José Antonio Kast y del Ministerio de Defensa Nacional, nuestras más sentidas condolencias a las familias de quienes perdieron la vida y nuestra solidaridad con todas las personas que hoy enfrentan las consecuencias de esta tragedia.


Los chilenos conocemos la fuerza de la naturaleza. Nuestra historia ha estado marcada por terremotos, maremotos, erupciones volcánicas, incendios, sequías e inundaciones. Pero también sabemos que, en cada una de esas emergencias, la ciudadanía y el Estado responden con valentía y resiliencia, gracias al esfuerzo conjunto de múltiples instituciones y, de manera muy especial, gracias al compromiso, trabajo y profesionalismo de nuestras Fuerzas Armadas.


Por ello, no puedo iniciar esta Cuenta Pública sin expresar, en nombre del Gobierno y de todos los chilenos, nuestro reconocimiento a cada uno de los integrantes del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea, así como a sus Comandantes en Jefe y al Estado Mayor Conjunto, por su trabajo, profesionalismo y entrega demostrada en estas semanas, como tantas otras veces, y por el servicio permanente que prestan a la República.


Les agradeceré hacer extensivo este reconocimiento a todos quienes integran sus instituciones, a cada uno de los integrantes de esta cadena de servidores públicos que han estado trabajando sin descanso desde hace semanas.


Porque cuando Chile enfrenta sus momentos más difíciles, nunca está solo. Siempre hay hombres y mujeres con uniforme que dejan a un lado su propia seguridad para proteger la de los demás. Esa es la esencia del servicio público.


Muchas gracias


UNA POLÍTICA DE ESTADO PARA UN MUNDO EN TRANSFORMACIÓN


Señoras y señores,


Rendir cuenta no consiste únicamente en informar lo realizado. También implica explicar por qué se adoptan determinadas decisiones y hacia dónde queremos conducir las políticas públicas.


Cada generación recibe una responsabilidad que no puede delegar. A unas les corresponde reconstruir, a otras desarrollar. A la nuestra le corresponde preparar a Chile para un mundo mucho más incierto que el que conocimos durante las últimas décadas, porque las políticas de Defensa no se improvisan.


La reciente respuesta del Estado ante situaciones de emergencia, la implementación de los Estados de Excepción en la Macrozona Sur, el resguardo de las fronteras en el norte del país o el despliegue de las Fuerzas Armadas durante los incendios forestales es una muestra de ello. La rapidez de estas operaciones, la coordinación entre las distintas instituciones y la capacidad logística demostrada por las Fuerzas Armadas fueron el resultado de años de planificación, entrenamiento, inversión y trabajo conjunto entre organismos civiles y militares.


Esa es, precisamente, la esencia de la Defensa Nacional: anticiparse a los riesgos y desarrollar, antes de que las crisis ocurran, las capacidades necesarias para enfrentarlas.


Como escribió Andrés Bello, “la previsión es una de las primeras virtudes del buen gobierno”. Ningún Estado responsable espera que aparezca una amenaza para comenzar a prepararse.


La Defensa cumple exactamente esa misión.


Su propósito no consiste únicamente en proteger la soberanía y la integridad territorial. También contribuye a preservar las condiciones que hacen posible la libertad, la seguridad, el desarrollo económico, la estabilidad institucional y la paz.


Por esa razón, hoy rendimos cuenta al país: para informar con transparencia lo realizado, asumir nuestras responsabilidades y exponer la visión que orientará el trabajo del sector durante los próximos años.


EL NUEVO ENTORNO ESTRATÉGICO


Vivimos una época de profundas transformaciones y una gran incertidumbre.


En pocos años hemos visto reaparecer guerras entre Estados, aumentar la competencia entre las grandes potencias, la expansión de las amenazas híbridas, el incremento de los ciberataques y que el crimen organizado transnacional sea uno de los principales desafíos para la seguridad de los Estados.


A ello se suma una acelerada revolución tecnológica que está modificando la forma en que nos comunicamos, nos asociamos y se desarrollan los conflictos, se protegen las infraestructuras críticas y se ejerce la soberanía.


La inteligencia artificial, los sistemas autónomos, las capacidades espaciales, la guerra electrónica y el dominio de la información ya forman parte de la planificación estratégica de las principales democracias del mundo.


Al mismo tiempo, millones de personas continúan desplazándose producto de guerras, crisis económicas, persecuciones políticas o desastres naturales, mientras las democracias enfrentan crecientes desafíos para responder simultáneamente a las demandas internas y a un escenario internacional cada vez más incierto.


Según estimaciones internacionales (de la Cruz Roja y Academia de Ginebra, entre otras), al comenzar 2026 se mantenían activos alrededor de 130 conflictos armados en el mundo, más del doble que hace quince años. Solo durante 2025 se registraron 65 conflictos con participación estatal, incluidos ocho enfrentamientos entre Estados, las cifras más altas desde 1946.


Hoy, mientras me dirijo a ustedes, miles de familias recorren kilómetros de kilómetros para ingresar ilegalmente a otros países, en búsqueda de una esperanza perdida en los suyos propios, fenómeno del que no ha sido ajeno nuestro país, mientras otros millones sufren hambre y desamparo.


Estamos, afortunadamente, lejos de esa terrible realidad, pero Chile no está ajeno las consecuencias de este este entorno estratégico marcado por crecientes tensiones, especialmente de aquellos efectos que ocurren entre las grandes potencias.


Nuestra economía depende del comercio internacional; nuestras exportaciones recorren miles de kilómetros por el océano Pacífico; nuestra infraestructura digital conecta diariamente a millones de personas y nuestras fronteras enfrentan presiones crecientes derivadas del crimen organizado y de la migración irregular.


Por ello, como señalaba, aunque estemos lejos de este conflicto entre las grandes potencias, cada decisión que tomemos como país conllevará un costo que debemos estar preparados para asumir.


Este tema va más allá de Defensa y alcanza dimensiones más grandes e involucra a todo el Estado de Chile en su plenitud y, en ese plano, nuestro compromiso es actuar en plena concordancia y armonía, con el Ministerio de Relaciones Exteriores.


En nuestro ámbito, en todo caso, debemos seguir las lecciones de la historia, que nos ha demostrado que las naciones que mejor preservan la paz son aquellas que comprenden que la paz no se improvisa, sino que se construye mediante instituciones sólidas y estables, políticas de Estado, planificación de largo plazo y Fuerzas Armadas profesionales.


La Defensa Nacional es una tarea donde debemos trabajar todos juntos, aún en estos períodos de desconcierto y confusión.


LA DEFENSA NACIONAL COMO POLÍTICA DE ESTADO


Chile posee una realidad estratégica singular.


Somos un país tricontinental, esencialmente marítimo, con más de cuatro mil kilómetros de extensión continental, con una de las mayores zonas económicas exclusivas del mundo, con una presencia permanente en la Antártica y con territorios insulares que proyectan nuestra soberanía sobre el Pacífico y fronteras terrestres cuya vigilancia exige importantes capacidades humanas y tecnológicas.


Nuestra geografía constituye una enorme ventaja estratégica, pero también una responsabilidad permanente.


Proteger y resguardar el espacio marítimo, el espacio aéreo, nuestras fronteras, la infraestructura crítica, las redes digitales, las rutas comerciales, las comunicaciones y el acceso al espacio forma parte de las responsabilidades contemporáneas de la Defensa.


Por ello, la Defensa Nacional no puede entenderse como un gasto, sino como una inversión estratégica para asegurar la continuidad del Estado.


Gobiernos de distintas orientaciones han preservado estos principios permanentes, a los que se suman: la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil democrático, el respeto irrestricto a la Constitución y las leyes, el alto profesionalismo militar y una política exterior fundada en el derecho internacional y la solución pacífica de las controversias.


Este patrimonio pertenece a todos los chilenos y así lo ha entendido la ciudadanía que en los últimos años ha vuelto a expresar una creciente valoración hacia sus Fuerzas Armadas, como lo revelan las distintas encuestas de opinión.


Esta recuperación sostenida de la confianza pública en las instituciones militares las sitúa entre las mejores evaluadas del país, lo que implica no sólo el reconocimiento a su profesionalismo, sino también el contacto permanente que miles de chilenos tienen con ellas en sus tareas diarias, las que se potencian en momentos de emergencia, apoyo a comunidades aisladas, protección de fronteras, campañas antárticas, operaciones marítimas y cooperación internacional.


La ciudadanía reconoce en sus Fuerzas Armadas instituciones cercanas, disciplinadas y comprometidas con el servicio público. Incluso, si no están, demandan su presencia. Pero también observan algo más profundo: que estas instituciones representan estabilidad, proyectan confianza y encarnan los valores permanentes y fundacionales de la República, de lo que nos identifica como chilenos.


Nuestras Fuerzas Armadas siguen siendo parte del sentir nacional y esa confianza ciudadana, esa legitimidad, constituye un activo estratégico que debemos cuidar y construir todos los días mediante el profesionalismo, la transparencia, la probidad y el servicio permanente a la ciudadanía.


No debemos olvidar que nuestros uniformados pertenecen a todos los chilenos, pues son parte de nuestra propia sociedad. Son hombres y mujeres, hijos e hijas de nuestra querida tierra, que comparten los valores patrios y el compromiso de servir a Chile.


En Defensa, las decisiones importantes no pertenecen a un gobierno. Pertenecen a una generación de chilenos y a las que vendrán después.


LA DEFENSA QUE RECIBIMOS


Toda Cuenta Pública exige reconocer esta realidad fundamental, que la Defensa Nacional no se improvisa y que se construye durante décadas.

Las capacidades estratégicas no se desarrollan en un período presidencial, como tampoco lo hace la formación de un oficial, la construcción de un buque, la incorporación de una aeronave o el desarrollo de nuevas doctrinas, lo que demanda planificación, continuidad y visión de largo plazo.


Por ello corresponde señalar que, durante el período comprendido entre marzo de 2025 y marzo de 2026, bajo la anterior administración, el Estado continuó desarrollando las funciones permanentes que la Constitución y las leyes encomiendan al sector Defensa, entre ellas:


  • Las Fuerzas Armadas mantuvieron su despliegue en apoyo de los Estados de Excepción Constitucional en la Macrozona Sur, colaborando con las policías en la protección de la población y de la infraestructura crítica.

  • Prosiguieron las tareas de resguardo de la frontera norte, apoyando el control territorial frente al crimen organizado transnacional y a la migración irregular, conforme al marco jurídico vigente.

  • Se realizaron las campañas antárticas, la vigilancia marítima y aérea de nuestros territorios insulares y del Estrecho de Magallanes, el apoyo permanente a los territorios insulares y las operaciones destinadas a resguardar la soberanía nacional. En ese plano, cabe destacar, la primera misión antártica el Rompehielos AGB-46 “Almirante Viel”, construido 100% en los astilleros de Asmar, un verdadero orgullo para la industria nacional y la Armada de Chile.

  • Es importante destacar, además, la reciente hazaña de 7 integrantes de la Sección de Exploración y Rescate O’Higgins (SERO) del Ejército, pertenecientes a la dotación de la Base Antártica (BAE) “Capitán General Bernardo O’Higgins Riquelme”, que alcanzaron por primera vez la cumbre del Monte Ripamonti, punto más alto del cordón Mackenna, situado a 927 metros sobre el nivel del mar, en la península Antártica.  

  • Chile continuó participando activamente en reuniones y mecanismos bilaterales, ejercicios combinados y actividades de interoperabilidad con otros países, fortaleciendo su prestigio como un socio confiable en materia de defensa. Entre ellos, a destacar, el primer ejercicio combinado realizado con Estados Unidos entre unidades de Fuerzas Especiales, conocido como Pacific Dagger 2026.

  • Además, nuestras Fuerzas Armadas actuaron en ayuda a la población en los desastrosos incendios que afectaron en enero a las regiones de Ñuble y Biobío, que afectaron con mayor gravedad en sectores como Concepción, Penco, Tomé y Lirquén.

  • Asimismo, prosiguieron diversos proyectos de modernización institucional e infraestructura estratégica, junto con las positivas mejoras implementadas al Servicio Militar, orientadas a fortalecer el bienestar de los conscriptos, su formación técnica y sus oportunidades de desarrollo futuro. En este marco, se implementaron 40 medidas vinculadas a temas sanitarios, pensiones y seguros, instrucción y entrenamiento, comunicación y reporte, así como de supervisión, incluyendo un aumento al 75% de la asignación mensual entregada a los conscriptos.

  • En diciembre pasado, además, se inauguró el Centro Espacial Nacional (CEN), recinto de 5.800 metros cuadrados que reunirá capacidades de investigación, desarrollo e innovación en materia espacial, con el objetivo de impulsar la investigación y desarrollo de tecnología espacial en Chile. Al mismo tiempo, se dio el impulso definitivo al proyecto de reemplazo del “Pillán” por el nuevo sistema T-40 “Newen”, desarrollado por ENAER.
  • En octubre se realizó en Viña del Mar la Reunión de Ministros de Defensa del Pacífico Sur (SPDMM), organizada por primera vez en Chile, instancia política y estratégica que reúne a las autoridades de Defensa de Australia, Chile, Fiji, Francia, Nueva Zelanda, Tonga y Papúa Nueva Guinea, además, de Japón, Estados Unidos y Reino Unido como países observadores. Ese encuentro también contó con la participación del Secretario General del Foro de Islas del Pacífico, lo que da cuenta del alcance y relevancia de este mecanismo de cooperación.

Sobre esa base robusta de trabajo heredada y que constituye un eslabón de cadena más, en el largo camino recorrido por años por el Estado de Chile, iniciamos un nuevo ciclo democrático el pasado 11 de marzo. Liderados por el Presidente José Antonio Kast, asumimos con el propósito de preservar y profundizar los avances alcanzados, al mismo tiempo que estamos impulsando nuevas prioridades estratégicas que consideramos fundamentales para fortalecer y desarrollar las capacidades del sector de Defensa.


Y estas son, a grandes rasgos, las siguientes:


Primero, fortalecer política y legislativamente la Defensa Nacional, a las Fuerzas Armadas y a sus integrantes, como instituciones fundamentales de la República, fortaleciendo su rol en la defensa de la seguridad exterior y del territorio nacional, perfeccionando su actual sistema de financiamiento y de adquisiciones.


Segundo, modernizar las capacidades institucionales, acorde a nuestra realidad como país, para responder a los nuevos desafíos tecnológicos y estratégicos que nos exige la nueva realidad internacional y los conflictos bélicos modernos.


Y tercero, acrecentar el vínculo entre las Fuerzas Armadas y la ciudadanía mediante una gestión más cercana, eficiente, transparente y presente en todo el territorio nacional.


Como hemos señalado, creemos que las políticas de defensa pertenecen al Estado, pero que también deben evolucionar junto con el entorno estratégico. Por ello, resolvimos revisar los proyectos de Política de Defensa y Política Militar y retiramos el proyecto sobre Borde Costero impulsados por la administración anterior, con el propósito de actualizarlos al nuevo entorno y enriquecerlos mediante un proceso amplio de reflexión institucional.


Es sobre esos ejes planteados que quisiera, a continuación, rendir cuenta del trabajo realizado durante estos primeros meses de Gobierno. No venimos a comenzar de nuevo. Venimos a continuar una tarea permanente del Estado y a prepararla para los desafíos del futuro.


UNA NUEVO PERÍODO PARA LA DEFENSA NACIONAL


Señoras y señores,


El pasado 11 de marzo, con el nuevo ciclo democrático, comenzó una nueva etapa para la Defensa Nacional.


No comenzamos desde una hoja en blanco. Comenzamos sobre la experiencia acumulada por el Estado de Chile durante décadas, pero también con la convicción de que el nuevo escenario estratégico exige nuevas prioridades, una mayor presencia del Estado y una conducción política capaz de anticiparse a los desafíos del futuro.


Esa convicción quedó reflejada desde el primer día de Gobierno.


Iniciado el Gobierno, el Presidente de la República, José Antonio Kast, solicitó y agendó reuniones de trabajo con los Comandantes en Jefe del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea, donde escuchamos sus necesidades y desafíos.


Esto no fue un gesto protocolar. Fue una clara señal política y estratégica.


En estas reuniones transmitimos, por ejemplo, que la misión principal de las Fuerzas Armadas sigue siendo la Defensa Nacional, y que su empleo en seguridad interior debe ser excepcional, subsidiario, temporal y estrictamente regulado por la Constitución y la ley.


En esos encuentros reforzamos la idea de que la Defensa Nacional constituye una prioridad permanente del Estado y que las Fuerzas Armadas son instituciones esenciales para preservar la soberanía, proteger a la población y contribuir al desarrollo del país.


Posteriormente el Mandatario viajó a la Macrozona Sur y a la Frontera Norte, para conocer directamente el trabajo silencioso de miles de hombres y mujeres que cumplen su misión en condiciones particularmente exigentes, lejos de sus hogares y con un profundo sentido del deber.


En estas visitas transmitimos otro mensaje claro de agradecimiento a nuestros militares, porque el Estado reconoce, respalda y valora el servicio que diariamente prestan nuestras Fuerzas Armadas en beneficio de todos los chilenos. No podemos conducir la Defensa sin contar con nuestras Fuerzas Armadas, los actores principales de este deber público.


En ese mismo contexto de confianza, el Presidente instruyó al Ejército ejecutar la construcción de obstáculos físicos en los sectores más vulnerables de la frontera norte, una obra desarrollada con profesionalismo y eficiencia, destinada a fortalecer el control territorial, dentro de las atribuciones que la ley entrega a las Fuerzas Armadas.


UNA DEFENSA PRESENTE EN TODO EL TERRITORIO


Por otro lado, creemos que una política de Defensa no puede diseñarse exclusivamente desde Santiago.


Debe construirse en terreno, allí donde nuestros soldados, marinos, aviadores y funcionarios civiles desarrollan diariamente su trabajo.


Con esa convicción iniciamos una intensa agenda de visitas inspectivas a unidades militares, bases aéreas, reparticiones navales, establecimientos educacionales, centros logísticos y organismos dependientes del Ministerio de Defensa.


Más que inspeccionar instalaciones, fuimos a escuchar y a conocer directamente las fortalezas, necesidades y desafíos de dichas instituciones.

Comprobamos nuevamente que el principal patrimonio estratégico de la Defensa Nacional no son únicamente sus sistemas de armas o sus capacidades materiales, sino que las personas que integran sus instituciones.


Tenemos, como país, un capital humano dentro de nuestras FF.AA. de excepción y sabemos que nuestro porvenir depende, ante todo, de la calidad humana y profesional de quienes sirven a Chile.


Durante estos meses también recorrimos parte importante del territorio nacional.


Visitamos Rapa Nui junto a la Fuerza Aérea de Chile para conocer en terreno uno de los más complejos operativos de conectividad e integración territorial que desarrolla el Estado, como es su operativo médico en esa isla.


La misma vocación de servicio que comprobamos en terreno se expresa diariamente en la labor que desarrolla la Armada en los canales australes, llevando atención médica y apoyo logístico a comunidades aisladas; así como en el trabajo del Ejército con su Hospital Modular de Campaña, desplegado recientemente en Ovalle tras haber prestado servicios en la ciudad de Los Ángeles , aportando en forma significativa al objetivo de reducir las listas de espera para cirugías.


Esa presencia permanente también se manifiesta en la misión que cumplen nuestras Fuerzas Armadas en la protección, vigilancia y operación del Estrecho de Magallanes, una de las rutas marítimas más importantes del comercio internacional, cuya condición de paso bioceánico íntegra, soberana y plenamente chilena impone al Estado la responsabilidad de garantizar su seguridad, libertad de navegación y funcionamiento permanente en beneficio de Chile y de la comunidad internacional.


También se proyecta en la extraordinaria tarea que desarrolla el Cuerpo Militar del Trabajo, cuya labor permite conectar territorios donde muchas veces el Estado sólo puede llegar gracias al esfuerzo de sus ingenieros militares. La construcción del camino Vicuña-Yendegaia constituye un ejemplo elocuente de esa misión silenciosa y permanente.


Podría mencionar muchas otras iniciativas, pero solo basta ver lo realizado durante la reciente emergencia climática para comprobar las capacidades de nuestros militares, no sólo en el resguardo de la soberanía nacional, sino que también en apoyo a todos los chilenos.


MEMORIA, IDENTIDAD Y REPÚBLICA


Pero las Fuerzas Armadas no sólo protegen el territorio ni ayudan a la ciudadanía en caso de emergencias o catástrofes: También preservan una parte importante de la memoria histórica de nuestra República, lo que igualmente es un deber de nuestra gestión como autoridades de Defensa.


En estos meses rendimos homenaje a los Héroes de Iquique y conmemoramos de manera masiva nuevamente, en la Plaza de la Ciudadanía en el centro de Santiago, la gesta heroica de los setenta y siete héroes de La Concepción.


Un país que olvida sus gestas termina debilitando los valores que dieron origen a su vida republicana.


El Asalto y Toma del Morro de Arica, el Combate Naval de Iquique, el Juramento a la Bandera, nuestras Fiestas Patrias y tantas otras páginas de la historia nacional constituyen hitos que recuerdan a cada generación que la libertad, la independencia y la paz han exigido siempre sacrificio, responsabilidad y sentido del deber de nuestros antepasados.


Como escribió Bernardo O’Higgins, “el honor de la Patria debe conservarse con la misma constancia con que fue conquistado”.


Honrar nuestra historia no es un esfuerzo inútil ni significa vivir anclados en el pasado. Significa comprender mejor el futuro que queremos construir. Recordar lo bueno y lo malo nos hace más conscientes de no repetir los errores en el futuro.


Buscaremos reforzar esta memoria colectiva, la que debe estar presente en nuestra educación desde el primer momento. Recogemos, además, como un desafío el promover el conocimiento y el debate de la Defensa Nacional, donde la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), deberán tomar un rol preponderante.


DEFENSA, INNOVACIÓN Y DESARROLLO


Como señalamos, las transformaciones tecnológicas que observamos en el mundo están modificando profundamente la forma en que los Estados protegen su soberanía.


La inteligencia artificial, los sistemas no tripulados, el dominio espacial, la guerra electrónica, las capacidades cibernéticas y el análisis masivo de datos ya forman parte de la planificación estratégica de las principales potencias.


Chile debe prepararse para esa realidad con responsabilidad y visión de largo plazo, y nosotros, como Gobierno, lo tenemos muy claro. La superioridad del futuro dependerá de los recursos destinados, pero también de quién sea capaz de transformar el conocimiento en capacidades

Por ello respaldamos decididamente el trabajo que vienen desarrollando nuestras instituciones y empresas estratégicas desde hace años.


Durante abril, la Feria Internacional del Aire y del Espacio, FIDAE, volvió a reunir en Chile a las principales empresas, instituciones y especialistas del sector aeroespacial y de defensa de América Latina, consolidando a nuestro país como un punto de encuentro para la cooperación tecnológica y el intercambio de conocimientos.


Al mismo tiempo, nos interiorizamos de la labor del Centro Espacial Nacional (CEN) que continúa avanzando en el desarrollo de capacidades propias que permitirán fortalecer la observación terrestre, la gestión de emergencias, la investigación científica y el apoyo a la toma de decisiones estratégicas, desarrollando una nueva serie de satélites para Chile.


Nuestra aspiración es seguir ampliando estas capacidades mediante nuevos polos de desarrollo tecnológico en distintas regiones del país y usar esas capacidades para beneficio del Estado, generando una autonomía que traerá beneficios para todos los chilenos.


Conocimos la construcción naval, que constituye otro eje prioritario, porque Chile es una nación marítima por definición. Más del noventa por ciento de nuestro comercio exterior se transporta por mar y nuestra presencia en el océano Pacífico forma parte de nuestra identidad estratégica.


Por ello valoramos especialmente el trabajo desarrollado por ASMAR y la voluntad de la Armada de producir en Chile nuestros propios buques. El reciente lanzamiento del buque multipropósito “Magallanes”, es una expresión concreta de una política destinada a fortalecer las capacidades industriales nacionales.


Del mismo modo, conocimos el proyecto de reemplazo del “Pillán” con el nuevo sistema “Newén”, impulsado por ENAER y la Fuerza Aérea, así como la labor de FAMAE en temas vinculados con el Ejército, instituciones que representan décadas de experiencia técnica acumulada y que deben seguir evolucionando para responder las demandas del país.


La experiencia internacional demuestra que las industrias vinculadas a la Defensa constituyen también motores de innovación, investigación aplicada y desarrollo tecnológico.


Nuestro propósito es avanzar gradualmente hacia un ecosistema nacional que integre universidades, empresas estratégicas, centros de investigación y Fuerzas Armadas, promoviendo soluciones tecnológicas con aplicaciones tanto militares como civiles.


Queremos potenciar las economías de escala, de forma que el conocimiento y experiencia adquiridos por cada una de nuestras empresas y el manejo de sus finanzas sea manejada y planificada estratégicamente, abriendo las puertas al conocimiento civil de las universidades, gremios profesionales, a nuestros científicos e ingenieros.


Sabemos que las necesidades son múltiples tanto para el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y el Estado Mayor Conjunto y que los recursos estatales son limitados. Precisamente por ello debemos actuar con responsabilidad, planificación, establecer prioridades y desarrollar aquellas capacidades que respondan a nuestros intereses permanentes.


En Defensa, como en toda política pública, la visión estratégica consiste también en saber distinguir entre lo urgente y lo verdaderamente importante.


En este punto, comprendo los llamados bien intencionados que provienen del mundo político y de otros sectores afines, pero nuestro deber es trabajar sobre una realidad concreta que no podemos modificar, acorde a los métodos de financiamiento establecidos legalmente, los recursos disponibles, paso a paso, sin ansiedades, siempre pensando a largo plazo. El respetar este camino nos permite administrar de mejor forma los recursos escasos. El impulsar proyectos justificables solo con la fuerza de la voluntad, sin el necesario realismo, nos llevará inevitablemente a cometer errores.


GESTIÓN CON VISIÓN INTERNACIONAL


En estos primeros cuatro meses de gestión, también hemos potenciado, nuestra política exterior, en el marco del cambio de Gobierno que vivió Chile en marzo.


Como señalamos, vivimos tiempos complicados, y la diplomacia de la defensa constituye hoy una herramienta estratégica para fortalecer la inserción internacional de Chile. Somos un país de tradición y cultura occidental, profundamente comprometido con los valores que la sustentan. Asimismo, somos una nación abierta al comercio internacional y a la cooperación con el mundo, en la que la región Asia-Pacífico constituye hoy uno de nuestros principales espacios de vinculación estratégica y comercial. Somos, además, un país amante de la paz, comprometidos con la comprensión, solidaridad y entendimiento entre los pueblos.


En ese plano y junto con sostener encuentros protocolares con una decena de representantes diplomáticos y autoridades de Defensa de otros países, una vez asumidos, concurrimos junto al Buque Escuela “Esmeralda” a las actividades desarrolladas en Nueva York con motivo del 250° aniversario de la independencia de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, nuestro Subsecretario de Defensa se trasladó a Europa para sostener reuniones bilaterales con Reino Unido y Francia.


Participamos en la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, realizada en Cusco, Perú, a continuar trabajando de manera conjunta y respetuosa para contribuir a la paz, la seguridad, la democracia y el desarrollo sostenible, junto con reafirmar la necesidad de fortalecer el diálogo político estratégico y cooperación hemisférica en defensa”. Además, tuvimos diversas reuniones bilaterales con altas autoridades de defensa de Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, EE.UU., entre otros. Y, finalmente, estuvimos en los ejercicios navales multinacionales RIMPAC 2026, en Hawaii, donde participa la fragata “Cochrane”.


En nuestro territorio, estuvimos con la FACh en el Quinto Ejercicio Multinacional “Salitre”, donde se reunieron las fuerzas aéreas de países amigos en un entrenamiento de alto nivel, permitiendo perfeccionar procedimientos conjuntos, fortalecer la cooperación regional y consolidar la capacidad nacional para planificar y conducir operaciones aéreas combinadas.


En todas estas oportunidades hemos repetido nuestro compromiso -acorde a la política exterior que conduce el Presidente de la República y la Cancillería- con los organismos y leyes internacionales, las que velan por el buen estado de los vínculos entre las naciones y nuestro respeto a la soberanía de los estados.


Siempre es bueno reiterar que Chile es un país de paz y abierto al mundo.


Y fue por ello que, no dudamos, en apoyo a la política internacional de Chile, en enviar ayuda humanitaria a nuestro vecino Bolivia frente a los problemas internos que vivieron recientemente, y menos dudamos en mandar rescatistas y ayuda humanitaria a Venezuela, después del terrible terremoto que quitó la vida a cerca de seis mil personas y dejó a miles heridas o desaparecidas.


La Defensa no se entiende sin esta visión internacional, donde constituye otro brazo del Estado de Chile para fomentar la amistad y paz entre las naciones.


Y es, en esa dimensión, donde escuchamos las propuestas provenientes de países amigos y las asumimos acorde a nuestra realidad, bajo respeto del derecho y acuerdos internacionales, en absoluta concordancia y trabajo en conjunto con el Ministerio de Relaciones Exteriores.


GESTIÓN EFICIENTE Y RESPONSABLE


En estos meses, además, asumimos la tarea de administrar la Defensa sobre la base de una enorme responsabilidad, la que significa administrar el presupuesto que nos entrega la Nación para realizar todas las misiones que nos entrega el Estado.


En Defensa las inversiones deben proyectarse durante décadas e incluyen sistemas tecnológicos altamente complejos que no son precisamente baratos.


Por ello, una de nuestras primeras decisiones fue fortalecer los mecanismos de control, seguimiento y evaluación de la gestión de cada una de nuestras instituciones.


Durante estos meses asumimos la administración de la Defensa con plena conciencia de la responsabilidad que implica gestionar los recursos que la Nación destina al cumplimiento de las misiones encomendadas por el Estado.


En este sector, las decisiones de inversión proyectan sus efectos durante décadas y comprenden sistemas tecnológicos de alta complejidad y elevado costo. Por ello, una de nuestras primeras medidas fue fortalecer los mecanismos de control, seguimiento y evaluación de la gestión institucional, con el propósito de asegurar un uso eficiente, transparente y responsable de los recursos públicos.


La eficiencia y la transparencia no constituye una limitación para la Defensa, sino que es una condición indispensable para fortalecerla, porque administrar mejor significa disponer de mayores capacidades para cumplir la misión institucional y, también, porque la confianza ciudadana se construye demostrando que los recursos públicos son utilizados con rigor, transparencia y responsabilidad.


Esta visión ha sido entendida por el Gobierno, el cual ha hecho un gran esfuerzo para cubrir las deudas operativas heredadas de la anterior administración, y ha asegurado que el sector no tendrá nuevos recortes presupuestarios en el futuro.


En este punto, debo decir, que el actual sistema de financiamiento del sector Defensa, consistente en fondos plurianuales y un fondo de reserva estratégica, implementado hace pocos años, no ha funcionado de la manera esperada, por lo que no nos cerramos a la idea de explorar otras alternativas que garanticen un flujo constante de recursos, suficiente y garantizado, para el sector.


En este corto período, y por decisión del Gobierno de turno, hubo años en que los fondos plurianuales fueron eliminados o incluso definidos para luego ser retirados, mientras el fondo de reserva estratégico, de unos US$ 1.000 millones, nunca ha sido completado y permanece con el 0,1% de lo que decreta la Ley.


Como señalamos, la Defensa Nacional no se puede improvisar y debemos buscar nuevas fórmulas, un sistema que funcione y garantice los proyectos de adquisiciones o gastos que aprobemos en el futuro.


Para cumplir este objetivo de gestión eficiente y responsable, no nos olvidamos de nuestra responsabilidad como Ministerio.

Por ello estamos revisando todos los procesos que realizamos en conjunto con las instituciones involucradas, con el fin de hacerlos más eficientes.


Estamos trabajando en las Concesiones Marítimas y Acuícolas, la inscripción de armas, la ley del Borde Costero, el otorgamiento de pensiones y montepíos, el Servicio Militar Obligatorio, los procesos de definición de planes y programas, y el manejo presupuestario, entre otros muchos temas.


Queremos incluir inteligencia artificial, tecnología y conceptos modernos de gestión en todos estos procesos, para responder a las exigencias de la ciudadanía toda, para agilizar los procesos que afectan también a nuestros militares en retiro y sus familias.


La tarea es ardua y estamos conscientes que no podemos cambiar todo en estos años, pero haremos el esfuerzo de hacerlo por el bien del sector y en pos de la transparencia pública.


En esto, no podemos fallar.


TRABAJO LEGISLATIVO


Quisiera destacar especialmente la relación que hemos construido con el Congreso Nacional en estos primeros meses, buscando que la Defensa Nacional sea una política de acuerdos y no una política de confrontación.


Durante este período y sobre cualquier diferencia, hemos concurrido con agrado a las comisiones de Defensa del Senado y de la Cámara de Diputadas y Diputados, hemos respondido con transparencia a las consultas de los parlamentarios y hemos trabajado para que las decisiones estratégicas del sector cuenten con el mayor respaldo democrático posible.


Esa misma lógica ha permitido renovar oportunamente los Estados de Excepción Constitucional en la Macrozona Sur y el cumplimiento de la Ley en la Frontera Norte, y permitido que las Fuerzas Armadas continúen colaborando con las policías en una tarea compleja, cuyo objetivo final es recuperar la seguridad para miles de familias chilenas.


Sabemos que estas medidas son extraordinarias. Y precisamente por ello deben ir acompañadas de una permanente evaluación de resultados y de un estricto respeto al Estado de Derecho, lo que derivó en la concentración de fuerzas bajo un mismo mando.


Además, no descartamos que las Fuerzas Armadas recuperen sus funciones de protección de nuestra larga frontera terrestre y mantener a Carabineros a cargo de los pasos fronterizos. Desde esta tribuna, invito respetuosamente a los parlamentarios presentes, a acompañarnos en esta y otras iniciativas que van en beneficio de todos los chilenos.


Esperamos trabajar de la misma forma con los proyectos que estamos viendo actualmente, como son el referido a las Reglas de Uso de la Fuerza, la Modernización de la Carrera Militar y otros.


Asimismo, adelantamos y pedimos el apoyo a los legisladores para el estudio de mejoras al sistema de financiamiento y desarrollo de proyectos, considerando un proceso de toma de decisiones coordinado y con una mirada holística del presupuesto general de nuestra Defensa.


De antemano, les agradecemos toda su disposición y ayuda, estimados senadores y diputados, a nombre de Defensa y de todos los chilenos.


Señoras y señores


Llevamos pocos meses en el gobierno por lo que he sido breve en explicar lo realizado y me he extendido en señalar hacia dónde queremos conducir al país.


Administrar el presente es una obligación y preparar el futuro es un deber que pocas áreas del Estado entienden tan bien como es la Defensa Nacional.


Las capacidades estratégicas que Chile necesitará dentro de diez o quince años debemos comenzar a construirlas hoy, y no me refiero solamente a aviones, buques o blindados, sino a la doctrina que vendrá integrada con esos y otros sistemas, para que sea ejercido por los militares y civiles que conducimos la Defensa.


Las grandes decisiones en Defensa exigen visión de largo plazo y junto con vivir momentos de incertidumbre mundial, también vivimos tiempos de avances tecnológicos extraordinariamente rápidos que debemos afrontar con nuestras capacidades humanas, económicas y naturales.


Por ello, nuestro horizonte no termina con esta Cuenta Pública, sino que continua permanentemente, para alcanzar un Chile más seguro, preparado, moderno, resiliente y capaz de proteger eficazmente sus intereses permanentes.


Busquemos asegurar que nuestro país pueda mantener y desarrollar las capacidades esenciales que requiere para proteger su soberanía.


Chile continuará evaluando permanentemente su entorno estratégico e invertirá de manera responsable.


En este esfuerzo, quisiera también agradecer a todos aquellos que trabajan en este ministerio fundamental para la República, a los servidores civiles de Defensa, que permanecen fuera de la mirada pública.


Al Estado Mayor Conjunto, a nuestras Subsecretarías de Defensa y para las Fuerzas Armadas, al personal de ASMAR, ENAER y FAMAE, de CAPREDENA, la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil, a la Dirección General de Movilización Nacional, entre otras instituciones vinculadas al sector; a esos miles de profesionales, técnicos, administrativos y trabajadores que, desde sus respectivas responsabilidades, hacen posible que todo funcione.


A las ramas de la Defensa: Al Ejército, la Armada y Fuerza Aérea, verdaderos motores de creatividad y profesionalismo, conformada por miles de hombres y mujeres comprometidos con la Patria y el destino de nuestro querido Chile.


A todos ellos, mi reconocimiento y agradecimiento.


Hace más de doscientos años, los fundadores de nuestra patria comprendieron que la Libertad sólo podía preservarse mediante instituciones fuertes, ciudadanos comprometidos y un profundo sentido del deber.


Esa enseñanza continúa plenamente vigente y hoy nos corresponde a nosotros asumir esa responsabilidad.


Quisiera concluir esta Cuenta Pública 2026, invitando a todos quienes integran este gran sistema nacional de defensa —militares, funcionarios civiles, trabajadores de la industria, académicos, parlamentarios y ciudadanos— a continuar construyendo juntos esta tarea.


Nuestro compromiso es seguir trabajando con rigor, con responsabilidad y con visión estratégica, porque estamos convencidos de que la mejor forma de honrar a quienes nos precedieron es entregar a las futuras generaciones un país más seguro y próspero, que el que recibimos.


Porque, en definitiva, nuestra tarea no es preparar a Chile para la guerra; nuestra tarea es preparar a Chile para preservar la paz y resguardar a su gente.


Muchas gracias.

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