En el contexto del inicio del proceso de acuartelamiento del contingente 2026, el Ministro de Defensa Nacional, Fernando Barros, escribió la siguiente columna de opinión publicada en Radio Bío-Bío (https://shorturl.at/kepJt), donde plantea la vigencia del modelo del Servicio Militar Obligatorio.
Servicio Militar: una nueva etapa de servicio al país
Modernizar el Servicio Militar no implica debilitar su esencia, sino fortalecerla. Supone comprender que servir a Chile y desarrollarse a partir de esa experiencia no son ideas contrapuestas, sino plenamente complementarias.
El Servicio Militar sigue siendo una institución plenamente vigente en Chile. Cada año, miles de jóvenes se incorporan a las filas del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Para algunos, representa una tradición familiar; para otros, una decisión personal que abre un camino de disciplina, aprendizaje y proyección. Pero, por sobre todo, cumplir con este deber cívico constituye una decisión patriótica: una forma concreta de comprometerse con la tierra que los vio nacer.
Tuvimos el honor y el orgullo de presenciar este jueves 9 de abril, en la Escuela de Infantería del Ejército, cómo trescientos jóvenes iniciaban su período de instrucción frente a sus padres, hermanos y amigos, que los aplaudían con entusiasmo y, en muchos casos, con lágrimas en los ojos. “Quiero tener un futuro y acá puedo encontrarlo”, nos dijo uno de ellos con firmeza y convicción.
A pesar de tratarse de una institución más que centenaria, el Servicio Militar mantiene plena vigencia en nuestro país. Ello, pese a hechos lamentables del pasado, a los cambios experimentados por nuestra sociedad, al surgimiento de nuevas respuestas frente a las urgencias nacionales y al cambiante escenario vecinal e internacional.
Como Ministerio de Defensa Nacional, estamos convencidos de la necesidad de mantener una mirada permanentemente modernizadora sobre el Servicio Militar, institución que, por décadas, ha formado a miles de chilenos y se ha consolidado como un pilar fundamental de la Defensa Nacional.
Por ello, este año y en conjunto con nuestras Fuerzas Armadas, iniciamos una nueva etapa, en la que el cumplimiento del deber cívico se vinculará de manera más decidida con la formación de conocimientos, competencias y habilidades que fortalecen la empleabilidad y amplían las oportunidades de desarrollo futuro de quienes lo realizan, tanto en el ámbito militar como en su vida laboral y ciudadana.
De esta manera, la decisión de servir al país adquiere un valor adicional, al transformarse en una experiencia formativa integral que proyecta a los jóvenes más allá del período de servicio, abriendo oportunidades concretas para su desarrollo futuro.
Un país serio requiere Fuerzas Armadas bien equipadas, entrenadas y plenamente capacitadas para cumplir eficazmente sus misiones constitucionales. Pero Chile también demanda que sus instituciones sean capaces de formar personas, abrir oportunidades, fortalecer la cohesión social y contribuir activamente al desarrollo del país.
En ese contexto, el nuevo modelo representa un avance significativo. Junto con la preparación militar, incorpora una mayor remuneración mensual, amplía las oportunidades de capacitación técnica, facilita la continuidad de estudios, promueve la certificación de competencias y fortalece la proyección profesional. Así, el servicio a la Patria deja de limitarse al tiempo en que se viste un uniforme, para convertirse también en un punto de partida para el desarrollo futuro.
Esta mirada es relevante no solo para quienes ingresan, sino también para el país en su conjunto. El Servicio Militar sigue siendo uno de los pocos espacios donde jóvenes provenientes de distintos territorios, trayectorias y realidades comparten una experiencia común basada en la disciplina, la convivencia, el esfuerzo y la responsabilidad. En una sociedad muchas veces marcada por la fragmentación, esa experiencia adquiere un valor republicano difícil de reemplazar.
Existe también una dimensión de Estado que no debe perderse de vista, expresada en la continuidad y fortalecimiento de una política impulsada en el gobierno anterior, en un trabajo en conjunto con el Ejército de Chile. Cuando una nación convoca a sus jóvenes a servir, asume la responsabilidad de ofrecerles una experiencia exigente, seria y formativa. Ello requiere mejores condiciones, mayores apoyos y una institucionalidad capaz de estar a la altura de ese compromiso.
Por ello, modernizar el Servicio Militar no implica debilitar su esencia, sino fortalecerla. Supone comprender que servir a Chile y desarrollarse a partir de esa experiencia no son ideas contrapuestas, sino plenamente complementarias.
En tiempos de incertidumbre, el país requiere instituciones que formen carácter, responsabilidad y sentido del deber. El Servicio Militar puede y debe seguir cumpliendo ese rol, siempre que sepamos proyectarlo con inteligencia, seriedad y visión de futuro.
