Muy buenas tardes,
Saludo con especial afecto a las autoridades civiles y militares, líderes religiosos, a los embajadores presentes; a la familia naval y, muy particularmente, a todas las autoridades y dirigentes de esta hermosa ciudad de Concepción y del vecino puerto de Talcahuano que nos reciben.
Hoy nos reunimos para dar inicio a una de las conmemoraciones más significativas que tiene nuestro calendario nacional: el Mes del Mar.
Una instancia en la que no solo honramos la historia y a nuestros héroes, sino que también a los grandes navegantes y emprendedores, a los artesanos e industriales de la pesca, a los que bucean y practican deportes marinos, a los que han impulsado el desarrollo acuícola, a los que masificaron y dieron seguridad al transporte marítimo; y a muchos otros valientes, visionarios y patriotas que han vivido el Mar y que elevaron a la calidad de gloriosa a nuestra muy querida Marina.
Chile es —y seguirá siendo— una Nación que se entiende, se conecta y se proyecta a través del mar. Somos un país cuyo futuro está vinculado a ese enorme recurso natural que constituye el Océano Pacífico.
Y por supuesto, Mayo es el mes en que recordamos las Glorias Navales, y con ellas, uno de los actos más trascendentes del alma nacional: el sacrificio del capitán Arturo Prat Chacón en el Combate Naval de Iquique. Su figura y la de todos los valientes tripulantes de la corbeta “Esmeralda”, no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue estando vigente en cada hombre y mujer -civil o militar- que sirve a Chile.
El Marino, y también abogado, Arturo Prat no solo nos legó una gesta heroica. Estableció un estándar moral, expresión viva de los valores que sostienen nuestra identidad como país: el honor, la disciplina, el sacrificio y el amor por la patria. Y en base a ellos estamos llamados a cumplir con el deber por sobre el interés personal, a ser valientes ante la adversidad y a estar comprometidos con que Chile siempre merece nuestro mayor esfuerzo.
Nuestro país, es una nación tricontinental, con una ubicación geoestratégica privilegiada. Nuestro territorio se extiende desde Sudamérica hacia la Antártica y Oceanía, en una proyección que nos conecta con el mundo a través del Océano Pacífico. Esta condición nos entrega oportunidades, pero también enormes responsabilidades, donde el rol de las Fuerzas Armadas es fundamental.
Creo que no valoramos lo suficiente a esos miles de hombres y mujeres que trabajan silenciosamente, con profesionalismo, disciplina y eficiencia, para proteger nuestros intereses, resguardar nuestra soberanía, apoyarnos en los momentos más difíciles y emergencias, y contribuir al desarrollo del país. A ese importante conjunto de fuerzas de servidores públicos, altamente capacitados, comprometidos con Chile en todo momento y circunstancia, hoy en especial a nuestra Marina, desde esta tribuna le damos las gracias.
La labor de la Armada no se limita a la defensa y vigilancia de nuestros intereses marítimos, sino que la vemos desplegada en tareas de conectividad en zonas aisladas, donde lleva educación y salud a muchos chilenos; en apoyo ante emergencias y catástrofes; en la protección de nuestros recursos naturales; en la investigación científica, y en la proyección internacional de Chile.
La vemos también innovando y desarrollando capacidades estratégicas para el país, incluso bajo las más duras condiciones, empujando la construcción naval y todas las tecnologías que ello implica.
Un ejemplo claro es el trabajo que se realiza en Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR), donde Chile está en el ambicioso proyecto de dar un salto en la construcción de sus propios buques. Ayer fue el rompehielos “Almirante Viel” hoy operativo exitosamente; muy pronto entrará al mar la primera de sus futuras unidades de transporte. Esto no solo fortalece nuestras capacidades operativas, sino que también genera conocimiento y desarrollo tecnológico para el país, así como numeroso empleo en ésta y otras regiones.
Compartimos con el alto mando naval su ambicioso objetivo de trabajar activamente en el desarrollo de la construcción en Chile de los buques que requiera la Escuadra Nacional, lo que debe mantenerse y proyectarse como una política nacional que avance decididamente.
En este punto quisiera agregar algunas reflexiones:
Chile tienen la suerte de poseer una industria naval de prestigio y sustentada en ASMAR, que desde hace casi 70 años ha estado contribuyendo al desarrollo del país gracias a sus valiosos y notables logros. A ello se suma un muy relevante y exitoso desarrollo de astilleros privados, confirmando las probadas capacidades en el ámbito de la construcción naval.
Pero hoy no estamos aquí solo para reconocer el pasado: estamos aquí porque se abre ante nosotros la oportunidad histórica de dar un gran salto hacia el futuro.
Debemos atrevernos —con responsabilidad, pero también con decisión— a impulsar un crecimiento sostenido, eficiente y realista de nuestra industria naval y militar.
Para lograrlo, necesitamos algo más que buenas intenciones o declaraciones. Requerimos creatividad, eficiencia y eficacia al más alto nivel. Y esas capacidades no pueden surgir desde esfuerzos aislados. Deben nacer de un verdadero ecosistema: un conglomerado industrial que articule al Estado, a la academia y al sector productivo nacional, tanto público como privado. Solo así podremos asegurar una industria sólida, sostenible en el tiempo, y evitar generar expectativas que luego no podamos cumplir.
Tenemos, además, una tarea ineludible: avanzar en pos de consolidar una industria de la defensa nacional con visión global. Una industria que fortalezca nuestra autonomía, con un alto estándar en sus procesos y el control de la gestión y buen uso de los recursos, y que al mismo tiempo esté plenamente integrada a la industria nacional y conectada con sus pares internacionales.
Porque no podemos desconocer una realidad evidente: al planificar la construcción de nuestros buques, aeronaves o equipos, municiones y sistemas de defensa, estamos condicionados por nuestras capacidades económicas como nación. Y actuar con responsabilidad en ese marco, con la lógica y estándares de una empresa eficiente no es una limitación; es una muestra de madurez estratégica.
Ese es, en definitiva, nuestro gran desafío: consolidar una industria de defensa moderna, eficiente y eficaz, con capacidades integradas que aproveche las sinergias del trabajo en equipo, capaz de incorporar tendencias y tecnologías emergentes, reunir todas las experiencias disponibles, que convoquen y trabaje en conjunto con la industria privada, la academia y centros técnicos nacionales, transformando todos los recursos, experiencias y talentos en oportunidades reales de desarrollo para Chile.
No se trata de soñar, pero tampoco de sumirse en visiones pesimistas.
Recordemos los muchos logros de nuestro país:
Hace pocos días el Presidente Kast anunciaba la acometida de las últimas obras de nuestra Carretera Austral, visionaria iniciativa que, hace justo 50 años atrás, en 1976, el gobierno militar, a través del Cuerpo Militar del Trabajo del Ejército de Chile, inició y ejecutó con gran esfuerzo para terminar el aislamiento de nuestra Patagonia. Gracias General Pedro Varela por el gran trabajo del Ejército.
No olvidemos el silencioso y muy destacado desarrollo y altas metas alcanzadas por nuestra Fuerza Aérea en materia de capacidades aeronáuticas e incluso espaciales. Felicitaciones General Hugo Rodríguez.
Cuando actuamos juntos, con decisión y profesionalismo, se puede.
Señoras y señores
Chile necesita una Defensa moderna en todos sus sentidos, integrada al desarrollo nacional, y alineada con los desafíos del siglo XXI.
Contar con fuerzas armada fuertes, modernas y preparadas requiere dotarlas de capacidades estratégicas, recursos y contingente acorde a la tarea que se les encomienda. Ello no es un lujo, es la base de la seguridad e integridad de nuestro país.
Como Ministro de Defensa del gobierno nacional que lidera el Presidente José Antonio Kast, compartimos el sentir nacional de orgullo, reconocimiento y alta valoración por el gran aporte al país de nuestras fuerzas armadas.
Especial valor tiene, al iniciarse el Mes del Mar, comprobar que ello ocurre en un entorno de una marina que dialoga con la ciudadanía, con nuestra industria y sectores productivos; que fortalece la conciencia marítima nacional; que actúa inspirada en el ejemplo de Prat, Condell y Latorre, sirviendo así de ejemplo a las nuevas generaciones y; que es parte esencial del esfuerzo diario de miles de chilenos que, desde distintos ámbitos, trabajan por hacer más grande a nuestro país.
Este Mes del Mar, el del Mar de todos los chilenos, es, en definitiva, una invitación a conocer más nuestro país marítimo, a valorar su importancia estratégica, a comprometernos con su desarrollo y a pensar en nuestra riqueza marítima como recurso base para un mejor futuro todos nosotros.
¡Que el ejemplo de Prat nos inspire!
¡Que el trabajo de nuestros marinos nos enorgullezca!
¡Y que el futuro de Chile siga navegando con decisión, respeto, unidad y fe!
Estimados amigos:
Con esta esperanza damos por inaugurado el Mes del Mar 2026
Muchas gracias y Viva Chile.
