A continuación, compartimos la entrevista concedida por el Ministro Fernando Barros -este domingo 23- al Diario Financiero.
Abogado tributarista, consigliere de Sebastián Piñera y de tantos otros empresarios, el nombre de Fernando Barros fue una sorpresa en el gabinete de José Antonio Kast. A cargo de Defensa Nacional -ministerio generalmente de bajo perfil, aunque fue el trampolín de figuras políticas como Michelle Bachelet-, Barros ha sido bastante protagónico en estos cinco meses de gobierno. Algunos lo consideran díscolo porque dice lo que piensa, y sin complejos. Él, en cambio, defiende la libertad de opinión, y dice que su rol es decir las cosas aunque no gusten, y advertir de los riesgos de las decisiones.
– ¿Cómo han sido estos cinco meses en el mundo público?
– Es un mundo bien distinto -no digo ni mejor, ni peor- al que uno estaba acostumbrado. Mucho más formal, con más regulación, con un orden. Es el mundo al revés: en el mundo privado, en general, hay que hacer todo lo que no esté prohibido. Y aquí sólo se puede hacer lo que esté expresamente permitido. Y eso dificulta las cosas, porque el que es proactivo se arriesga y a veces hay una visión del contralor, etc., que es como muy legalista. En eso cuesta sacar las cosas adelante o que haya proactividad. Pero claramente hay un espíritu de colaboración, gente que está muy comprometida con su trabajo, con su institución, con las cosas que hace. Así que es una visión positiva.
– ¿Ha cambiado su mirada de la política?
– Lo que más veo con preocupación de país es que el mundo político, más que estar preocupado en hacer buenas políticas públicas, de repente parecen un poco jaurías, buscando la destrucción. Un proyecto entra una mañana, y a mediodía empiezan las críticas, la descalificación.
– Pero eso ha pasado siempre, ¿qué es lo que le sorprende?
– Cuando uno lo sufre, lo que cuesta sacar las cosas adelante, un trámite menor en el Congreso y hay 46 discursos frente al tema que al final es aprobado casi por unanimidad… cuesta. Hay mucha gente que espera mejoras, jóvenes que esperan trabajo, gente que espera una mejora en sus condiciones de vida. El tiempo no es indiferente. Con cada trámite adicional se hace más difícil que las cosas prosperen. Es gente que perdió un día, un mes, un año.
– ¿Cómo maneja esa frustración? Le pasó a muchos ministros cuando llegaron al primero gobierno de Sebastián Piñera…
– Yo creo que hay que enchufarse todos en un sentido. ¿Podemos hacer un mejor país? Sí lo podemos hacer. Hay un gran mérito del ministro Quiroz, del ministro Alvarado, de sacar adelante el proyecto de reconstrucción, una ley que va a permitir mejoras, cambios que van a tomar tiempo, porque de aquí a que la gente recupere las confianzas, que invierta, que la cosa empiece a prosperar, eso va a tomar tiempo. Tenemos que ver qué podemos hacer todos para eso. Y no sentarse a criticar al gobierno de turno. A los tres meses ya la gente se siente decepcionada, ¿con qué derecho? Tenemos que poner de nuestra parte para que las cosas mejoren. Hay mucho por hacer y creo que es una responsabilidad colectiva, no sólo del Gobierno y del mundo político. La gente tiene que entender eso.
-Pero también usted entró con la expectativa de que las cosas iban a avanzar más rápido, ¿o no? La economía es el ejemplo más claro: todos pensamos que iba a volar.
– Este ministerio trabaja con las Fuerzas Armadas, son otros los tiempos. Las Fuerzas Armadas son patriotas, disciplinadas, organizadas, con capacitación y con una gran presencia en la sociedad. A pesar de la crisis que se vivió hace pocos años, en que sufrieron por todo el desorden político y el caos que hubo, hoy día son las instituciones nuevamente más prestigiadas del país. ¿Y por qué? Porque se les ve en la vida diaria, en las provincias, las regiones, en los operativos, cuando hay una emergencia, cuando hay un proceso eleccionario.
– ¿Cuáles son sus mayores preocupaciones como ministro de Defensa?
– Hay grandes temas en Defensa: un tema externo y que no es sólo el conflicto entre Estados, está también el conflicto que surge de los peligros de las nuevas tecnologías, la ciberseguridad, los riesgos tecnológicos. Y es una realidad casi más peligrosa o más real, más inminente que un conflicto entre Estados. Y para eso se necesita trabajar con gobiernos, países, instituciones.
Y por otro lado está el plano interno. Aquí hay dos cosas. El orden interno propio, la seguridad, y para eso está el Ministerio de Seguridad, Carabineros y la Policía de Investigaciones. Pero hay otros riesgos que son cada día más potentes, que tiene que ver con la unión nacional. Y yo veo que hay un factor de riesgo de división. Uno: crisis políticas como la que vivimos el año 2019, que pudo haber llevado a la desestabilización del sistema político y una caída de la democracia. Pero, por otro lado, un planteamiento que lleve a las sociedades a un conflicto entre sí.
– ¿En qué sentido?
– Chile es un país uninacional y el concepto de la plurinacionalidad, que fue rechazado mayoritariamente, no ha pasado como riesgo porque está presente en un factor de división entre los chilenos en el Convenio 169, que nace de la OIT, que no tiene nada que ver ni con los pueblos originarios ni con las condiciones políticas en que se desarrolla un país. Una organización internacional del trabajo con un sesgo político termina generando un tratado internacional que suscriben sólo 24 países, o sea, absolutamente minoritario. Estamos nosotros metidos y generó una cuña entre los chilenos. Hoy día los chilenos no somos todos iguales, no somos una nación: hay chilenos que se dividen y tienen un trato distinto por su origen étnico y eso es un caldo de cultivo de conflicto. Y para mí el Convenio 169, la Ley Lafkenche y una serie de otras disposiciones legales que salen de esa visión de conflicto entre las personas son un riesgo para el país.
– Los ve como una amenaza en materia de Defensa.
– Absolutamente. Cuando uno ve que su vecino por tener un apellido o pretender que sus antepasados habrían llegado antes al país que otros van a tener un trato distinto que se manifiesta en las ayudas sociales, en un montón de derechos y beneficios, eso genera división y la división es el caldo de cultivo para las crisis. Y eso es un tema de preocupación de la defensa.
– ¿Es factible decir “me salgo del tratado”?
– Sí, es factible, hay formas de salirse. Y aquí no se trata de romper el principio. ¿Por qué la consulta tiene que ser indígena? ¿Por qué voy a consultar a un vecino, no al otro, respecto de un camino, respecto de un proyecto industrial? Claramente Chile tiene un desafío que es deshacerse de una serie de legislaciones que están basadas en la división entre las personas. Antiguamente se trataba de conflictos por odios de clase y hoy día se transforma o se lleva a una visión de conflicto entre personas que tienen orígenes culturales o religiosos distintos o por último, sexos distintos.
– ¿Está en carpeta revisar ese convenio?
– Si usted busca, va a encontrar en Diario Financiero una columna del suscrito en su época de abogado, de consejero Sofofa…
– Pero no es lo mismo que decirlo hoy como ministro.
– Está bien, pero mi posición es ésa. Yo creo que incluso en su momento lo conversamos con el Presidente Piñera, porque esto tomó un cariz que nadie esperaba. Esto se vio como un tema y creo que fue un gol de media cancha.
– Esa bandera la va a empujar.
– Bueno, es una opinión que creo yo que es conveniente del punto de vista de Defensa. Por supuesto que hay muchos ministerios más involucrados. Pero creo que es un trabajo de largo plazo en que debiéramos enfocarnos.
Hawaii, Steinert y los amos
Dice que los cinco meses parecen “como 20” porque han sido muy intensos. “Le hemos puesto harto empeño. Hemos estado recorriendo Chile arriba en los temporales de la zona de las zanjas del norte, en la macrozona sur, en los botaderos de los barcos, los ejercicios…”
– En Hawaii…
– También. Porque el tema de la Defensa no sólo es relevante como país, tiene dos aspectos: el político y el militar. Es muy relevante tener y mantener las relaciones con las Fuerzas Armadas de otros países. Y Pearl Harbor, que está en Hawaii, es la flota americana más importante del Pacífico, que es el océano más relevante para nosotros. Eso nos da una coordinación, significa ejercicios navales, intercambio de experiencia y conocimiento. Significa abordar juntos la piratería, la pesca ilegal. Así que me hubiera encantado ir a la playa en Hawaii, pero no. Fue una jornada de trabajo.
– ¿Le dio rabia que se le cuestionara?
– Son bajezas de la política que no creo que amerite mucho tiempo. Es irresponsable porque quien sabe en qué consiste y se aprovecha de un error o de una ignorancia de la gente, dice “claro el ministro debiendo estar acá y estaba de vacaciones”, es generar una debilidad de la autoridad, la visión que tiene la ciudadanía del rol que cumplen los funcionarios públicos. No es por mí. Se está poniendo en duda la dedicación y entrega de toda la administración pública.
– Y le cuesta a usted morderse la lengua.
– Está bien, lo conversamos… Pero hay que tener cuidado porque no es sólo un gustito político, captar una nota, una atención periodística. Se está minando la confianza de la gente en las instituciones. Y eso es delicado.
– ¿La política es sin llorar?
– Sí. Y hay descoordinaciones y hay situaciones que de repente se magnifican y se inventan conflictos que no existen. Le puedo decir que a pesar de que llevamos sólo cinco meses, me impresiona cómo hemos logrado formar un equipo. Por lo tanto, cuando se habla de divisiones, tenemos muy buena relación con el ministro Pérez, con el ministro Arrau, trabajamos juntos, nos llamamos, nos whatsappeamos, estamos todos con la ministra Parot, lamenté mucho la pérdida de la ministra Natalia Ducó.
– ¿Ah sí?
– Mucho. Estábamos trabajando un proyecto juntos del deporte en las Fuerzas Armadas. Está bien, la política es sin llorar, son momentos duros.
– ¿Lamenta igual la salida de Mara Sedini y Trinidad Steinert?
– La ministra Steinert dejó una carrera funcionaria ejemplar, dejó lo que había sido su vocación profesional para entregarse al servicio público. La gente juzga con rapidez y no considera el esfuerzo enorme que están haciendo las personas. Por lo tanto, para mí, como gobierno, se le debe gratitud a todos los que estuvieron acá.
– Hace muchos años que usted no tenía jefe, ¿le ha costado tener jefe?
– Bueno, en el estudio (B&E) llevábamos 38 años, pero al final la vida no es jefatura. Cuando uno cree que en el ejercicio liberal de la profesión uno no tiene jefe… tiene amos. Porque cada cliente siente que es tu dueño. Y el Presidente tiene una característica: deja trabajar, se trabaja en equipo, con reuniones de coordinación, WhatsApp. Es un trabajo de tú a tú muy respetuoso y muy franco en una relación muy constructiva.
– ¿Y como es su relación con el Segundo Piso?
– Tenemos poco tráfico. Al principio puede ser un poco más porque ellos hicieron un trabajo de ir preparando el camino para no llegar el 11 de marzo a fojas cero. Pero ya una vez asumido los ministerios, hemos ido asumiendo el rol que corresponde, porque al final el Ministerio lo ejercen los ministros y la responsabilidad por el trabajo es de los ministros.
– O sea, no hay tirones de orejas o alegatos del Segundo Piso como mensajero del Presidente.
– No, en general las relaciones son directas con el Presidente. En muchas reuniones hay asesores del Segundo Piso presentes, la gran mayoría. Pero hay un trabajo en equipo.
– ¿Qué siente cuando se le cuadran las Fuerzas Armadas?
– Quizás para un abogado, entendemos más el ritual, la formalidad, el proceso, el orden consecutivo legal porque en un juicio hay un proceso, hay formalidades que cumplir. Ahora, no deja de ser impresionante, no sólo el ritual, la formalidad y la disciplina, sino que la vocación. Gente joven, soldados jóvenes, suboficiales, oficiales, con un respeto y admiración por el que va avanzando.
Reforma de seguridad y el rol de las FFAA
– ¿Cuál es el rol que debieran tener las Fuerzas Armadas en materias de seguridad, dada la reforma de Seguridad que acaba de presentar el Gobierno?
– Hay una cosa bien clara. Las FFAA claramente son disciplinadas y están sujetas a la autoridad civil de un gobierno democrático y a la Constitución y las leyes. Y la regla general en Chile es que las FFAA tienen un rol que tiene que ver con la defensa, con aspectos de seguridad marítima, aérea, etc. Y principalmente la Constitución contempla que las FFAA concurran en relación con temas de orden interno y seguridad en circunstancias excepcionales. Es decir, cuando el sistema normal -que hoy día es el Ministerio de Seguridad, las policías, Carabineros y la policía civil-, cuando ya no se pueda, por número, por intensidad, las Fuerzas Armadas son llamadas a intervenir excepcionalmente y con ciertos parámetros, bajo estados de excepción. El estado de excepción en sus distintos niveles contempla un rol y las Fuerzas Armadas están llamadas a cumplir ese rol. Y si fueron llamadas es porque se necesitaba más gente o incluso más poder de fuego, porque hoy día estamos viendo un crimen organizado transnacional, que tiene un poder de fuego distinto.
– Y ya que hablamos que eran excepciones, ¿es partidario de un estado de excepción de 120 días?
– El Gobierno hizo un proyecto que lo presenta al Poder Legislativo para que se analice y se discuta. Yo no me quedaría en el tema de si son 120 o no. A propósito de la renovación del estado de excepción de la Macrozona Sur, intervinieron varios parlamentarios y comentaron que no les hacía mucho sentido que pudieren darse ocho meses. Es un tema opinable y se puede trabajar. Desde el punto de vista del interés de la Defensa hay dos cosas: que la Constitución establezca los estados de excepción que el mundo político y el poder legislativo estimen adecuados; y dos, después tiene que venir una ley que va a decir cuál es el rol de las Fuerzas Armadas en ese estado de excepción. ¿Cómo interactuamos? ¿Qué fuerzas? ¿Qué mando? Y esa es la parte más importante para la Defensa. Porque la Constitución y las leyes las vamos a respetar. Si hay dos, tres o cuatro tipos de estado de excepción no es lo relevante, sino que cuál es el rol que nos va a corresponder en ese estado de excepción. Y eso no viene en esta discusión, sino que viene cuando se trabaje la Ley Orgánica Constitucional que regule este estado de excepción en particular.
Pero debo recalcar que el fondo del proyecto no son los 120 días, sino solucionar los problemas que vive la gente en materia de seguridad. Y que no nos ocurra lo que ha pasado en varios países, que reaccionaron tarde y ya estaban capturados por el crimen internacional. Esto es un proyecto de seguridad, y en el análisis que ellos han hecho han determinado que hay situaciones puntuales, casi quirúrgicas, sin entrar en detalles, pero que tienen que ver con herramientas para combatir el narcotráfico. Y la autoridad competente ha estimado que, para desarrollarlos bien, requiere un entorno constitucional y legal que se somete a la discusión del Poder Legislativo, y eso se tendrá que discutir sin complejos.
– Como abogado, ¿no ve un riesgo el día de mañana cuando sea otro Presidente de turno, se pueda mal usar esta herramienta constitucional?
– Es un tema que hemos visto que ha causado inquietud y es bueno escuchar a todas las opiniones y alcanzar consensos, y para eso está el proceso legislativo.
– Pasemos a otro de sus temas favoritos: Estados Unidos. Ya dos veces ha sostenido declaraciones fuertes, como el patio trasero, y la polémica en torno a los aranceles. ¿Qué es lo que a usted de fondo le molesta de lo que está haciendo Estados Unidos?
– Hay una cosa clara. Nosotros somos parte del hemisferio occidental, no solo geográficamente. También culturalmente, incluso espiritualmente: somos parte de la cultura cristiana occidental y compartimos esa cultura con Estados Unidos. Incluso más. Nuestro sistema jurídico, financiero, las normativas de corporaciones, nuestro sistema de vida tiene mucho que ver con EEUU. Por lo tanto, no es que seamos socios -no quiero contradecir a nadie-; somos hermanos, venimos de una misma madre. Con China tenemos una relación distinta. Es otro mundo, tremendamente respetable y con el cual tenemos un intercambio comercial de mucho tiempo y una relación muy positiva. China representa prácticamente el 40% de nuestras exportaciones. Y con Estados Unidos, Chile tiene un intercambio tecnológico, de equipamiento, etc. Lo que nosotros pretendemos es tener las mejores relaciones con los dos. Entonces mi reacción frente a eso (alza de aranceles) fue quizás algo que es poco corriente en el mundo político: una reacción humana, de sentimiento. Llevamos cinco meses trabajando con EEUU, un país de gran relación, creíamos que había habido un cambio importante respecto administración anterior y así lo demostrábamos y estábamos trabajando con el embajador… Entonces que se nos hubiera aplicado un impuesto, una tarifa, con un argumento como el trabajo forzado, me pareció decepcionante. Mi reacción fue: “Oye, esto es injusto. Si nosotros no somos esclavistas”. No es problema de conflicto. Entre hermanos tenemos discusiones, no tengo temor reverencial. Le puedo decir a un hermano “te equivocaste” o “esto no es justo”. El tema es una medida económica, que tiene un sentido y está a cargo de Cancillería y lo está viendo el ministro Pérez. Y está negociando y se llegará a la mejor solución. Yo no he planteado ni romper relaciones ni ninguna cosa.
– El embajador Judd no se lo tomó como que fuera un comentario de un hermano…
– Cada uno es libre de reaccionar como quiera. Lo que uno espera o no, da lo mismo. Es un comentario y todos tan amigos como siempre. Y el otro, frente a una pregunta “qué opina usted de sentirse…” “No somos el patio trasero de nadie”. Lo que hemos planteado en esa reunión y desde el día uno, es que hay un enfoque militar del problema que no calza bien con nuestro sistema jurídico. Y por lo tanto hay aspectos que no nos parecen y que no podríamos adoptar. Nosotros no podríamos participar en la Operación Lanza del Sur, con bombardeo de lanchas y cosas por el estilo. Nuestro ordenamiento jurídico no lo permite y sí lo permite el americano. Entonces circunscribamos a la Alianza o a esta propuesta de trabajo conjunto en el control y combate del narcotráfico. Pero principalmente a lo que necesitamos: información, inteligencia, satélite, pero no necesitamos fuerza extranjera que venga a Chile, ni equipamiento para combatir el narcotráfico en el sentido de armas. Otros países sí lo necesitan y han pedido a EEUU tropas, helicópteros, que gracias a Dios -porque tenemos menor nivel de criminalidad y unas FFAA muy bien preparadas- no lo necesitaban.
– Este Gobierno ha sido súper favorable con EEUU: la gira que hizo en febrero el Presidente antes de asumir, el embajador que nombra, que tiene a muchas redes dentro de Estados Unidos con el mundo Trump. Pero al parecer tampoco sirve. ¿Habría que hacer un cambio de estrategia? Se lo pregunto porque, por ejemplo, Claudia Sheinbaum se ha parado mucho más firme frente a Trump y le ha ido bien.
– Teníamos un deterioro en las relaciones con Estados Unidos innecesario. Hoy día esa barrera ideológica de diferencia salió y conversamos 1 a 1. No significa que estemos de acuerdo en todo. Y es natural que no lo estemos. EEUU tiene una agenda, una visión, que es muy respetable y que uno puede estar de acuerdo o cómodo, o no, cómo se posiciona respecto a lo que EEUU espera de uno. Pero ya lo dijo y lo dice la política de defensa americana: el interés de EEUU es la primera preocupación del gobierno americano. Y si ellos ven que se necesitan políticas, están en su derecho. No lo interpreto como una debilidad de nuestra relación. Uno puede hacer una crítica y decir “no me gustó que me lo hicieran”, pero está en su derecho. Aquí no hay un problema de ilegalidad de hacerlo. Nosotros creemos más en el Tratado de Libre Comercio, en una economía de libre mercado, en que podamos fluir libremente los servicios, los bienes, de un lugar a otro, sin barreras. En lo personal prefiero un multilateralismo, un país que se rija por un derecho internacional, que no prime la ley del más fuerte, que tengamos un ordenamiento jurídico, ciertas reglas. Eso es lo que uno quisiera. Vemos con preocupación guerras, muertes, destrucciones de ciudades, donde un orden internacional no ha funcionado. Entonces tenemos que ver bien dónde queremos ir como mundo y como país.
– Claro, pero ya cambiaron las reglas. ¿Hay que someterse a ellas, quizás?
– Uno tiene que ver. Esto es un cuento de a dos, como en los amores y en el matrimonio. Habrá que ver qué es lo que quiere uno, qué es lo que quiere el otro. Y no será el 100% lo que quiere uno, ni espero que el 100% de lo que quiere el otro.
– Cuando usted ha dicho estas frases, ¿el Presidente le llamó la atención?
– No, nos hemos puesto de acuerdo absolutamente. El Presidente entiende y lo dijo la posición oficial del Gobierno, lo dijo el ministro Alvarado en su momento: es una opinión que está expresada con respeto.
– ¿El canciller tampoco?
– Hemos hablado con el canciller derechamente. Él sabe perfectamente lo que pienso, y yo no veo que haya ningún conflicto, a propósito de ese tema particular u otro. Esto no hace la diferencia en el trabajo que tiene que hacer el Canciller, o si van a mantener o no el 12,5% y si van a excluir o no algunos productos. Pero creo que es importante que se sepa, que el embajador sepa, que hay opiniones. Que esto no es “a” y todos aplaudimos. Aquí han venido parlamentarios o asesores de parlamentarios, congresistas americanos. Yo he dicho “¿Qué quieren? ¿Qué aplaudamos?”. “No, no estamos contentos con un 12,5”.
– ¿Qué dicen ellos?
– Que las tarifas no es una política de Estado, es una política de gobierno. Entonces es un tema opinable. Y no tiene la trascendencia que se le ha querido dar. El embajador tuvo una reacción que puede ser tanto más criticable que el comentario, pero es parte del folclor nacional.
IVA a casinos online: “Es una mala política, aunque recaude”
– ¿Le dicen que es díscolo aquí en el Gobierno? Trascendió que usted se opone a cobrarle IVA a los casinos online, contrario al ministro Quiroz.
– Hay temas opinables y temas de principio. Si hay un tema que uno está de acuerdo en materia de principios y se corta las venas, tiene que hacerse a un lado. Y hay temas de estrategia, hay temas operativos… Yo me opongo a la legalización de las apuestas en línea. Creo que es una mala política, aunque recaude. Prefiero que hagamos esfuerzo en otras cosas porque creo que va a enfermar a la sociedad chilena más aún. Creo que hay que liberar a los jóvenes de las pantallas, creo que va a generar incluso problemas familiares cuando los niños empiecen a usarlo con los celulares de los papás. Entonces creo que no le agrega nada positivo. Y es una opinión que pueden compartirla o no, no voy a empezar con encuesta.
– Es su gobierno el que está empujando lo otro.
– No, no, no está empujando.
– Quiroz está apoyando la propuesta del SII.
– Está bien, él tiene una opinión técnica. Pero la Corte Suprema ha sido clarísima. Los tribunales han sido clarísimos. El Código Civil es clarísimo. La legislación es clarísima. Hoy en Chile es ilegal, eso no cabe ninguna duda, así que no hay nada que aclarar. Otra cosa es si es mejor mantenerlo ilegal y combatirlo, o regularlo a través de distintos mecanismos que hay, que no es el caso, para poder tenerlo controlado. Es una opinión respetable. El ministro Quiroz tiene una visión, y otras personas pueden tener una visión distinta.
– ¿Y usted se lo ha planteado a Quiroz?
– Sí, él tiene una visión distinta. Regulo o prohíbo. Son dos opciones.
– ¿Y lo escucha? ¿Cómo se lleva con el ministro de Hacienda?
– Muy bien. Nos hemos entendido perfectamente bien. Y le digo una cosa, aquí se ha hablado que las debilidades de las Fuerzas Armadas… en el gobierno anterior se fueron postergando pagos y se fueron chuteando para adelante. Bueno, el “adelante” llegó. Entonces este año, en el fondo de capacidad estratégica se ha pagado el doble de lo que se pagó el año pasado. Entonces ha habido de parte de Hacienda una comprensión de que estábamos en deuda, teníamos que cumplir nuestras obligaciones. Y también las Fuerzas Armadas fueron excluidas del 3%, porque se entiende el rol y el trabajo extraordinario que están haciendo.
Entonces no hemos tenido diferencias con el ministro Quiroz. Y en este tema particular lo conversamos en un par de oportunidades, pero no hay una A o B. La gente como que se asusta de tener opiniones distintas y reconozco que puedo estar en minoría o no.
Yo respeto y creo que es una labor del Poder Legislativo tomar una decisión luego. He hecho ver esta opinión, respetuosamente, porque estoy convencido de que mi rol como ministro, una persona que está llamada a ayudar al Presidente y al Gobierno, es decir las cosas, aunque no gusten, aunque no vayan en la línea de lo que otros piensan, porque hay que advertir de los riesgos de las decisiones.
“Hemos entregado 10 hijos: 9 en su matrimonio y una al cielo”
– Estos días se le juntan dos fechas importantes: el viernes es el matrimonio de su hija número nueve (de 13), y la próxima semana es el aniversario de muerte de su hija Bernardita, ¿cómo lo vive?
– Hemos entregado 10 hijos. Nueve en su matrimonio, hombres y mujeres. Y una, entregada al cielo a los 16 años. Así que ya tenemos 10 hijos que han partido. Lo relevante es que Berni, que se cumple un nuevo aniversario, sigue siendo un referente para la familia y un motivo de gran unión. O sea, en su memoria la familia vive muy unida. En su memoria se apaciguan los conflictos que puede haber. Entendemos un sentido de que la vida es transitoria y hay que vivirla intensamente mientras estemos acá. Y la esperanza que tenemos los creyentes es que algún día nos reencontraremos.
– Usted dijo que el regimiento Huamachuco le rendía un tributo a las víctimas del accidente en sus aniversarios. Ahora que es ministro de Defensa, ¿piensa hacer algo con ellos el 29?
– El día del accidente, Carabineros y personal contingente del Ejército que estaba ahí tuvo un rol muy importante. Y el regimiento Huamachuco lo tomó como algo muy personal y sin que existiera nada, ellos durante mucho tiempo acompañaban al sacerdote que iba a hacer una misa los 29 y limpiaban un memorial que se hizo. Estuve allá cuando fuimos a Arica y visitamos. Pero no quiero confundir las cosas. Y sí voy, voy a ir privadamente en algún momento. Pero no este 29.
