Discurso del Ministro de Defensa Nacional, Andrés Allamand, en conmemoración del natalicio del Libertador Bernardo O’Higgins
Nos hemos reunido esta mañana, aquí en Chillan Viejo, para conmemorar el natalicio de Bernardo O’Higgins, el padre de la Patria.
Hoy los chilenos dejamos de lado cualquier diferencia y juntos rendimos tributo a un hombre excepcional. Alcalde de Chillón, diputado por Los Ángeles, General en Jefe del Ejército, Director Supremo del Chile libre que amanecía.
El legado de O’Higgins es enorme.
Su nombre se identifica con la libertad, ya que a él correspondió firmar nuestra Declaración de Independencia; con la nacionalidad, ya que promulgó el decreto a partir del cual todo aquel que nace en nuestro suelo es chileno; con la ciudadanía, toda vez que estableció el derecho a voto, con la República, ya que impulsó tempranas Constituciones que disiparon tentaciones autoritarias y abrieron paso a la democracia y con una América libre y próspera- sueño que compartió con San Martín – que lo llevó a formar la Expedición Libertadora del Perú en la convicción que el “progreso de los pueblos va aparejado con la estabilidad y el avance de los vecinos”.
En O’Higgins a la par de obras están sus virtudes personales.
Los chilenos sabemos bien de su coraje y bravura, aquella que se inmortalizó en El Roble con una frase que hasta hoy identifica a nuestros hombres de armas: “Vivir con honor o morir con gloria”.
O’Higgins era un hombre modesto y austero, alejado de la vanidad, distante de la ostentación y reacio a todo privilegio.
Era un hombre de una generosidad a toda prueba, siempre dispuesto a poner por delante el interés superior de Chile. Ese patriotismo republicano, tan propio de O’Higgins, es quizás la fuerza invisible que separa a los países en dos grupos: Los que suman esfuerzos, deponen diferencias y entierran intransigencias para alcanzar así el progreso y la justicia y los que anulan sus fortalezas, agudizan sus divisiones y alimentan intolerancias frustrando su destino.
Que importante es para el futuro de Chile que tales valores inspiren nuestras actuaciones!
Y por lo mismo es válido preguntarse: Si el padre de la Patria viviera hoy
¿Qué esperaría de Chile, tras qué objetivo lucharía, que noble tarea
acometería?
La historia nos da la respuesta: Asignaría importancia a las instituciones y cautelaría, en sus propias palabras “con mil vidas si tuviera” la unidad nacional.
O’Higgins poco después de ser designado Director Supremo anticipó que Chile estaba “harto de glorias y triunfos” y que lo que necesitaba para su progreso eran “instituciones y leyes”. Por lo mismo, destinó grandes esfuerzos a crear ministerios, a dotar al Congreso Nacional de legitimidad, a reabrir el Instituto y la Biblioteca Nacional, a crear un Ejército y una Armada, como fuerzas organizadas y profesionales, capaces de dar estabilidad y seguridad al país.
Antes de morir O’Higgins afirmó con angustia que “una casa dividida contra sí misma no puede resistir” y por ello instó a los chilenos a “cultivar la más estrecha unión” y a no olvidar nunca que una nación más que su tierra, sus cordilleras, su mares es una misión que cumplir”.
El mejor homenaje de los chilenos al padre de la Patria es ser fiel a su legado de un Chile unido y de amplios horizontes, reafirmando como escribiera Neruda que de ti O’Higgins” hemos heredado tu firmeza, tu inalterable corazón callado, tu indestructible posición paterna”, recordando siempre que “tú, entre la avalancha de húsares del pasado, entre ágiles uniformes azules y dorados, estás hoy con nosotros, eres nuestro, padre del pueblo, inmutable soldado”.